Desde André a José Bretón se extiende casi un siglo de historia y dos manifiestos surrealistas. André ingenió el primero, culpable de su teoría, que buscaba nuevos caminos para las artes; José perpetró el segundo, culpable de su macabra práctica irracional. El bretonismo ha degenerado en una especie de psicosis que pare monstruos, como los sueños de la razón que pregonaba Goya en sus Caprichos. El capricho de José Bretón, transido del surrealismo congénito del apellido, ha vuelto a fulgurar en su mirada tenaz y hierática, incluso cuando el jurado lo declaró culpable. Así permaneció durante muchos segundos después, regodeándose de su fatal artefacto, urdido para vengarse de Ruth hasta la eternidad. Hacer desaparecer a los niños fue su estrategia para que el matrimonio hiciera de tripas corazón y caminara en unidad en pos de la prole. El informe de la forense, atribuyendo los huesos a animales roedores, ensanchó con fruición su ego, pero Francisco Echevarría sentó l...
La sal en la herida