Se ha perdido el menos común de los sentidos, que es el sentido común: vivir por encima de la posibilidades reales, gastar más de lo que se ingresa. El sistema financiero se ha convertido en nuestra particular caja de Pandora. Haber podido disponer de dinero prestado hizo que todo se encareciera al tener la opción de abonar el total en régimen de plazos. Por eso, ahora el precio de la vivienda continúa cayendo en picado, porque nadie compra, y nadie compra porque nadie tiene dinero, nadie tiene dinero porque, al no tenerlo, las entidades financieras no prestan. El sistema bancario encareció la vida hasta hipotecarla sin necesidad alguna. De ello deduzco que si prescindiéramos de él y adoptáramos un modelo de pago real, las empresas, para garantizar su supervivencia, se verían obligadas a utilizar precios amoldados a las posibilidades de las rentas medias. Aumentan las muertes de pacientes por recortes en Sanidad, la calidad de la Enseñanza está disminuyendo...
La sal en la herida