Cada vez va siendo más difícil asociar sinceridad con bondad, transmisión de buenas intenciones o mejores deseos, porque seamos sinceros (valga el retruécano): decir la pura verdad y al mismo tiempo elogiar... eso no vende. Lo que vende es insultar y desprestigiar escupiendo al otro los salivajos de esa falsa sinceridad como queriendo decir: “¡Ea, aquí esta el tío, a la cara, nada de críticas a escondidas!”. Y lo peor de todo es que hay mucha gente que cree, como tontos de baba, este falaz argumento destacando en el criticón su valiente sinceridad. ¡Qué torpeza humana creer que es virtud la sinceridad cuando va disfrazada de misil silábico! Imbécil quien no descifre este claro sofisma.
Es evidente que en el lado opuesto se halla el ser hipócrita, es decir, aquel que rehúsa de la sinceridad y se guarda el inventario de ultrajes para soplárselos a sus amigos a escondidas del criticado. Pero ambas posturas vienen a ser lo mismo, pues al fin y al cabo, descansan sobre el mismo error: la imbecilidad de convertirse en una mediocre maruja que nunca se cansa de ver la paja en el ojo ajeno, y peinarse, cada mañana que se levanta, la viga del suyo. ¡Ah, por cierto!, el que critica siempre es un santo, compruébenlo.
DALE PAN Y CIRCO AL PUEBLO ESO SI TODO ELLO EN UN ENVOLTORIO DE PUBLICIDAD....
ResponderEliminarPD: BUENA PECHERA LA DE LA FOTO ^^